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Patrimonio D.O. Rioja Alavesa

El Belén Barroco Articulado de Laguardia ha cumplido más de 260 años (en 1749 un documento hace referencia a su montaje), aunque para mi es un descubrimiento reciente, gracias a uno de mis tíos, que hace poco me contó con emoción cómo de pequeño ayudaba en el movimiento de los pastores del belén, “unas figuras de madera muy antiguas que a ritmo de dulzaina bailan y se golpean unas con otras”. Tal y como lo contaba, te das cuenta que son estas pequeñas cosas las que nos hacen sentirnos orgullosos de donde somos, ese patrimonio en el que la clasificación entre material e inmaterial pierde el sentido -pues no se puede comprender el uno sin el otro- y donde la transmisión entre personas -entre las distintas generaciones- juega un papel fundamental. Una vez más, comprendí la importancia del conocimiento y la sabiduría popular, y a su vez, la fragilidad de este patrimonio.

Dicho esto, el sábado pasado 25 de enero, no podía perderme la representación especial que hacían del belén y allá fui. En el puerto de Herrera dejamos el txirimiri y entramos en la casi siempre soleada Rioja Alavesa divisando el paisaje del vino y el viñedo, candidato a Patrimonio de la Humanidad (hasta el 2015 no conoceremos la decisión de la Unesco). Pero esta vez no íbamos atraídos por el vino, sino por un curioso belén que al parecer tiene su origen en la prohibición de los autos sacramentales en el interior de las iglesias.

Llegamos a Laguardia, antiguamente “La Guardia de la Sonsierra de Nabarra”, la guarda y defensa de Navarra por situarse en un alto estratégico, y nos falta tiempo para ver todo: callejuelas medievales, las murallas con sus cinco puertas de acceso a la villa, el estanque celtibérico de la Barbacana, bodegas centenarias ocultas bajo sus calles…

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Unos minutos para contemplar el espectacular pórtico gótico policromado de la iglesia de Santa María de los Reyes, entramos y empieza la función… oscuridad, sólo la escena iluminada y una voz narrando la historia… por un momento recuerdo la magia y la inocencia de aquellos teatros de marionetas en el teatro Beñat Etxepare. Observamos atentamente la escenificación del nacimiento de Jesús, la adoración de los Reyes Magos y finalmente la huída a Egipto, mientras suenan de fondo los acordes de Mikel Laboa y todos silenciosamente tarareamos en nuestras cabezas “Hegoak ebaki banizkio… nerea izango zen, ez zuen aldegingo. Bainan, honela… ez zen gehiago txoria izango… eta nik… txoria nuen maite”

Acabada la representación nuestra curiosidad no puede resistir asomarse a los entresijos del belén donde personas de la Asociación Belén de Laguardia nos enseñan las figuras y vestimentas y nos explican con todo detalle la labor de los que se encuentran bajo el belén dotando de movimiento a sus 73 piezas. Unas figuras de madera, que a pesar de lo rudimentario del sistema, se mueven con gracia por la escenografía preparada para el belén y en la que encontramos una réplica en miniatura de la antigua fuente que se conserva restaurada junto a la iglesia.

Al salir de la iglesia nos detenemos en la escultura de Koko Rico, esta vez en la mesa con diferentes zapatos de bronce (hay otra con bolsos) y hacemos nuestra elección, con qué zapatos te irías al fin del mundo, con qué zapatos quieres continuar tu camino… y puede que unos simples zapatos revelen más de lo que creemos de uno mismo.

Perspectivas de futuro

Nos encontramos en un momento complicado, en un lugar donde hemos construido más de lo necesario y en una sociedad a la que no hemos sabido trasmitir los beneficios de una buena arquitectura, quizás porque las palabras se demuestran con hechos y echando la mirada atrás vemos que hemos sido capaces de lo mejor, pero también de lo peor.

Nos paramos, escuchamos, pensamos… y parece obvio, el camino del futuro de la arquitectura pasa por valorar las edificaciones existentes y restaurarlas o rehabilitarlas de manera sostenible, medioambiental y socialmente. Con ello no sólo conseguiremos salvaguardar la historia e identidad cultural plasmada en la arquitectura, sino que también pondremos nuestro granito de arena para el desarrollo de la economía local, de km cero.

Conociendo ahora el contexto en el que nos movemos añadiré que además de la arquitectura con solera nos preocupa la eficiencia energética de nuestras edificaciones, el disfrute de un confort saludable en ellas y la viabilidad económica de las propuestas. Sin defender las “etiquetas” cargadas de buenas intenciones de bioclimatismo y sostenibilidad, somos conscientes de que vivimos en una preocupante crisis energética y la edificación es la responsable de un gran porcentaje de la demanda de energía, después del transporte y la industria. Por lo tanto, el ahorro energético y la eficiencia de las instalaciones es una parte importante de nuestros proyectos comprometidos con la sostenibilidad.

Según la Ley 2/2011, se entiende por economía sostenible un patrón de crecimiento que concilie el desarrollo económico, social y ambiental en una economía productiva y competitiva, que favorezca el empleo de calidad, la igualdad de oportunidades y la cohesión social, y que garantice el respeto ambiental y el uso racional de los recursos naturales, de forma que permita satisfacer las necesidades de las generaciones presentes sin comprometer las posibilidades de las generaciones futuras para atender sus propias necesidades.

Creemos en este patrón de crecimiento para el futuro de la arquitectura, para el futuro de nuestro entorno construido. Todos nos merecemos una segunda oportunidad, la arquitectura también.