Cartas en materia de Conservación y Restauración

Hoy os mostramos unas breves pinceladas históricas… un poco de teoría acerca de las diferentes corrientes restauradoras y su influencia en la forma en que hoy en día entendemos la restauración.

A lo largo del siglo XX, frente a una modernidad que amenazaba con borrar las huellas del pasado, tenemos unos testigos excepcionales de la evolución de la actividad restauradora del patrimonio. Éstos son los documentos internacionales que, desde la carta de Atenas en 1931, han ido desarrollando y ampliando los conceptos de conservación y restauración con el objetivo de proporcionar un método de actuación a todos los que trabajamos en este campo.

La carta de Atenas establece la importancia de la conservación frente a la restauración y se presenta como alternativa a las restauraciones historicistas del momento. El minucioso estudio de los monumentos antes de comenzar cualquier intervención adquiere el carácter de obligatorio y, por encima de todo, se respeta su historia. Este documento recoge planteamientos tan de actualidad en pleno siglo XXI como el uso acorde con el carácter de los edificios o el conflicto de intereses público-privado, donde se destaca el derecho a la colectividad en contra del interés privado. Se señala también la importancia de la educación y difusión en materia de restauración y se considera que el afecto y la valoración del pueblo hacia su patrimonio es la mejor garantía para la conservación.

La carta de Venecia de 1964, surge tras la II Guerra Mundial y tiene como contexto una Europa devastada por la guerra con muchos y muy diversos casos de reconstrucción urgente, por lo que el valor artístico y formal en estas intervenciones adquieren mayor importancia que los valores históricos y documentales. Una de las novedades de este documento será la ampliación del concepto de patrimonio, donde no sólo es importante el monumento aislado sino también su conjunto urbano o rural, respetando el marco tradicional y los valores del entorno. A este aspecto se suma la valoración del patrimonio modesto de la misma manera que el patrimonio monumental.

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La carta de Cracovia, excelente documento del año 2000, vuelve a potenciar los valores documentales que se defendían en la carta de Atenas, valores orientados a la conservación y al conocimiento de la memoria colectiva a través del estudio del patrimonio, que pasa a considerarse el documento perfecto para conocer nuestro pasado. Esta carta se refiere ya al patrimonio arquitectónico, urbano y paisajístico, y entiende el patrimonio como el resultado final de diversos momentos asociados a la historia, un proceso histórico en continua evolución.

Gracias a estas cartas en materia de restauración y conservación, nuestros proyectos los abordamos como un proceso complejo que iniciamos con el conocimiento profundo del bien patrimonial y su contexto, valiosa información que junto con el diálogo, implicación y participación de la sociedad nos lleva a los planteamientos más adecuados para recobrar la vida de dicho patrimonio con éxito.

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